Las proyecciones indican que el Reino Unido alcanzará tres umbrales demográficos significativos en 2026, entre ellos que las muertes superen a los nacimientos por primera vez en la historia moderna. Se espera que un tercio de los bebés concebidos sean abortados ese año, con el total de abortos desde 1968 equiparándose aproximadamente a la población migrante actual. Estas tendencias resaltan los desafíos en la sostenibilidad poblacional y la dependencia de la inmigración.
En 2026, se prevé que el Reino Unido enfrente cambios demográficos cruciales, según el análisis de la comentarista Lois McLatchie Miller. El primer hito implica que el número de muertes supere al de nacimientos, marcando un mínimo histórico en el crecimiento poblacional natural. Esto ocurre junto con una estimación de que un tercio de todos los bebés concebidos sean abortados, contribuyendo a un declive a largo plazo de la población nativa. Desde la legalización del aborto en 1968, se han realizado aproximadamente 10,7 millones de procedimientos, una cifra que se alinea estrechamente con la población migrante actual de 10,9 millones. Miller argumenta que las altas tasas de aborto han creado un 'vacío demográfico' que se llena con inmigración, con implicaciones para la fuerza laboral, el reclutamiento militar y la financiación de los servicios sociales. Señala que sin un crecimiento poblacional doméstico suficiente, la nación debe 'importar' su futuro, aunque este enfoque plantea preocupaciones de seguridad nacional debido a los controles fronterizos tensionados que permiten la entrada de elementos criminales indetectados. Acciones parlamentarias recientes han intensificado el debate. Los miembros del Parlamento votaron para despenalizar el aborto hasta el nacimiento, un movimiento que Miller describe como agravante del problema. Los políticos, particularmente los de derecha, critican la migración masiva pero rara vez abordan el papel del aborto en su necesidad. Más allá de la economía, Miller apunta a costos personales y sociales. Cita evidencia del profesor de psicología 'pro-elección' David Fergusson, quien encontró que las mujeres que se someten a abortos enfrentan mayores riesgos de ansiedad, ideación suicida y abuso de sustancias. Factores más amplios, como políticas fiscales que penalizan el matrimonio y un apoyo insuficiente a la maternidad, desincentivan la formación de familias, mientras que las visiones culturales retratan a los niños como una carga. Estos desarrollos enmarcan el aborto no solo como una preocupación ética, sino como un asunto de supervivencia nacional, con Miller advirtiendo que abortar a un tercio de las generaciones futuras amenaza la integridad societal. Instó a reflexionar sobre políticas que apoyen la vida familiar para evitar el declive.