Un vecino en La Habana alquila espacio para guardar un costoso SUV, lo que lleva a reflexionar sobre la creciente desigualdad en Cuba. En medio de la crisis económica, el acceso a educación, salud y servicios básicos depende cada vez más de los recursos familiares. Indicadores como la mortalidad infantil han empeorado, destacando disparidades en el sistema.
Hace unos días, un vecino solicitó a la madre del autor rentar el patio trasero para almacenar un Hyundai Santa Fe SUV recién adquirido, hasta obtener las placas oficiales. Este vehículo, valorado en alrededor de 40.000 dólares, contrasta con la situación económica crítica del país.
El autor cuestiona la equidad social promovida por el gobierno. Para un estudiante de ingeniería universitario, los gastos mensuales en tutorías privadas ascienden a 4.500 pesos, más al menos 12.000 pesos en transporte y comida, equivalente a dos veces y media el salario promedio. En los años 90, la equidad educativa era mayor, permitiendo acceso basado en talento. Hoy, estudiantes de arte deben costear instrumentos y suministros, a diferencia de las décadas de 1980 y 1990.
En el deporte, talentos rurales como Guillermo Rigondeaux, bicampeón olímpico, enfrentarían barreras sin apoyo económico familiar. En salud pública, la mayoría de medicamentos se obtienen en el mercado informal a precios de oferta y demanda; los hospitales carecen de suministros, aunque el personal médico realiza esfuerzos notables.
La mortalidad infantil en 2025 alcanzó nueve por mil nacidos vivos, el nivel más alto del siglo según fuentes cercanas al gobierno. La expectativa de vida también parece haber disminuido. Mientras algunos sufren apagones prolongados, otros adquieren generadores, comprando gasolina a 450 pesos por litro (aproximadamente 1 dólar). El vecino, quien cría cerdos, conejos, cabras y ovejas en una finca, representa esta concentración de recursos en pocas manos, exacerbando la desigualdad bajo discursos oficiales de socialismo y resistencia.