En medio del debate presidencial, el columnista Nicolás Ordoñez Ruiz destaca desafíos urgentes en la educación pública, como la financiación del PAE, infraestructura rural deficiente y deserción escolar. Estos problemas podrían convertirse en obstáculos estructurales para el próximo gobierno si no se abordan desde ya. La caída en ingresos por regalías complica el sostenimiento de programas clave.
El columnista Nicolás Ordoñez Ruiz, en su artículo publicado el 10 de enero de 2026 en Occidente.co, enfatiza la necesidad de centrar el debate presidencial en la educación inicial, básica y media pública. Según él, variables críticas incluyen la financiación del Programa de Alimentación Escolar (PAE), que alcanzó un 80% de cobertura en 2024 con 5,8 millones de beneficiarios. Sin embargo, la drástica reducción de ingresos por regalías —de 9,5 billones de pesos en 2022 a 1,4 billones en 2024, una caída superior al 85% atribuida a menor explotación petrolera y precios del Brent— genera dificultades presupuestales en regiones.
Esto obligará al nuevo gobierno, que inicia en el segundo semestre de 2025 y continúa en 2026, a tomar decisiones urgentes para mantener el PAE, esencial para la permanencia escolar y reducir la deserción en poblaciones vulnerables. Ordoñez Ruiz también señala problemas de infraestructura en la ruralidad: solo alrededor del 40% de las sedes rurales cuentan con agua potable constante, comparado con el 70% en áreas urbanas, y muchas carecen de saneamiento y electricidad confiable. Sin estas condiciones básicas, es imposible retener a los niños en las aulas o lograr una educación de calidad.
Además, la deserción escolar persiste pese a la caída demográfica: los nacimientos disminuyeron de 670.000 en 2015 a 445.000 en 2024, una reducción del 33% según el DANE. Barreras como la falta de infraestructura, pupitres, tableros y docentes —debido a rigidez burocrática en vacantes— impiden matrículas en escuelas públicas. Como ejemplo, menciona el récord histórico de ocupación docente en Santander.
Ordoñez Ruiz urge que los programas presidenciales incluyan presupuestos concretos y acciones unificadas con gobernadores y alcaldes para una revolución educativa inclusiva que cierre brechas y garantice trayectorias completas. No abordar estos 'chicharrones' podría perpetuar la pobreza y la desigualdad, ignorando la educación como inversión rentable para el futuro del país.