Osmel Almaguer, un inmigrante cubano en Brasil, comparte en su diario cómo la educación financiera ha transformado su vida económica tras llegar con deudas. Destaca la necesidad de generar ingresos adicionales y resistir tentaciones para mejorar la salud financiera. En su experiencia como carnicero y repartidor, enfatiza la disciplina como clave para el progreso.
Osmel Almaguer, en su entrada de diario publicada en Havana Times, reflexiona sobre las diferencias culturales en el manejo del dinero entre Cuba y Brasil. En Cuba, describe una cultura de gasto impulsivo ilustrada por la frase “tirar la casa por la ventana”, donde la gente gasta todo en fiestas y diversión, una costumbre reforzada en los años 90 durante la crisis económica para “robarle momentos a la vida”.
Al llegar a Brasil con su familia, enfrentaron deudas que tardaron dos años en pagar. Almaguer trabaja como carnicero y, para crecer económicamente, optó por horas extras. Compró una bicicleta eléctrica por 3.000 reales, inicialmente una carga, que ahora genera ingresos mediante entregas, convirtiéndola en un activo.
“La disciplina para maximizar ingresos y no gastar más de lo necesario marca una diferencia radical”, escribe. Recomienda pagar deudas, no gastar todo lo ganado y buscar ingresos extra, principios de educación financiera que aprendió primero en Cuba a través de un curso gratuito en WhatsApp.
Admite las tentaciones del sistema: anuncios coloridos, comidas deliciosas, televisores grandes, zapatillas de marca y fines de semana en hoteles. Sin embargo, insiste en que el sistema está diseñado para mantener a la mayoría en la base, endeudada. Como pobre, ahorra parte de su salario más las ganancias de entregas para un fondo de emergencia y un pequeño negocio.
Las entregas, dice, son relajantes después de ocho horas de trabajo, con el aire fresco y el paisaje urbano beneficiando la salud, además de cumplir una función social al ayudar a otros a quedarse en casa. “Estas son las cosas que un cubano aprende al llegar al capitalismo”, concluye.