En su columna, Michael Viriato argumenta que las decisiones de inversión deben basarse en un análisis cuidadoso, no en preferencias binarias como animar a un equipo. Critica la tendencia de los inversores a tratar activos como el inmobiliario de forma emocional, ignorando riesgos y alternativas. La reflexión sigue a una entrevista con el empresario inmobiliario Alexandre Frankel.
Michael Viriato, asesor de inversiones y cofundador de Casa do Investidor, escribe en su columna De Grão em Grão para Folha de S.Paulo sobre la necesidad de un enfoque analítico en las inversiones. Publicado el 24 de diciembre de 2025, el texto destaca cómo los lectores suelen buscar opiniones polarizadas sobre activos, como si invertir fuera un partido de fútbol en el que se elige bando.
Viriato observa que, históricamente, las inversiones de renta fija han superado la rentabilidad media del inmobiliario en muchos períodos, lo que molesta a los defensores incondicionales del sector inmobiliario. Recientemente, en una entrevista con el exitoso empresario inmobiliario Alexandre Frankel, oyó argumentos bien estructurados a favor de la compra de propiedades. Sin embargo, subraya que escuchar opiniones no implica adhesión automática, sino que enriquece el repertorio analítico.
La trampa, según el autor, está en la lógica binaria: preguntas como «¿vale la pena o no?» llevan a malas decisiones. La pregunta correcta implica condiciones específicas, como precio, ubicación, liquidez, financiación y comparación con alternativas de riesgo similar. Ignorar estos factores convierte las inversiones en apuestas, sobre todo en el inmobiliario, donde errores comunes son no calcular impactos presupuestarios o escenarios de vacancia.
Viriato cita a Benjamin Graham, figura clave en la teoría de la inversión: «Invertir es una operación basada en un análisis exhaustivo, que promete la seguridad del principal y un rendimiento adecuado». Sin este análisis, prima la convicción, que no protege la riqueza. La madurez del inversor surge de abandonar bandos fijos y reconocer que los activos son herramientas para usar en el contexto adecuado.
El texto concluye con deseos de Feliz Navidad y anima a plantear preguntas más precisas para transformar debates en inversiones reales.