En Vertientes, provincia de Camagüey, las comunidades rurales enfrentan apagones prolongados y falta de servicios, impulsando una migración masiva hacia las ciudades. Residentes invierten en paneles solares para sobrevivir, pero muchos optan por abandonar sus hogares. Estudios demográficos confirman que las mujeres jóvenes lideran esta emigración, agravada por la crisis económica.
En el pequeño pueblo de Vertientes, en la provincia de Camagüey, los paneles solares han transformado el paisaje debido a los cortes de electricidad que promediaron solo cuatro horas diarias en 2025. Milagros Malpica, una residente, invirtió casi mil dólares en un sistema fotovoltaico básico, financiado por la granja familiar y remesas de sus hijos en Estados Unidos. “Es una inversión tremenda, pero no hay otra forma de vivir. No solo por las largas horas sin luz, sino porque cuando regresa, llega con bajo voltaje y hay que esperar para estabilizarse”, explicó Malpica, destacando pérdidas en alimentos refrigerados que superaron el costo del equipo.
Yariel, un conductor local, planea mudarse a la ciudad de Camagüey en 2026 con su familia, vendiendo su casa rural. “De Vertientes, lo único que queda es irse”, afirmó, criticando la falta de prioridad en reparaciones eléctricas para áreas rurales, donde bateyes han pasado semanas sin servicio. “El campo se está despoblando, todos quieren ir a la ciudad. Sin transporte, médicos ni empleos, ¿quién no pensaría en irse?”, razonó.
Estas dificultades se deben a la asignación desigual de recursos: desde el año 2000, el 50-60% del presupuesto de inversión se destina a La Habana, que alberga menos del 20% de la población, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Las capitales provinciales reciben el 70% del resto, dejando solo el 30% para municipios menores. Así, los habaneros reciben tres veces más inversión que los de capitales provinciales y nueve veces más que en pequeñas localidades rurales.
Un estudio del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana en septiembre de 2023 indica que las mujeres jóvenes emigran más, seguidas por hombres menores de 50 años y niños. “Hay muchos factores: dificultades en comercializar productos, problemas de transporte, acceso a salud y educación”, señaló la investigadora María Ofelia Pérez. El censo nacional, pospuesto varias veces por la crisis, busca cuantificar esta despoblación, que ha reducido la población cubana en 1.5 millones desde 2022, a 9.6 millones a fin de 2025. En asambleas de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en abril, su presidente Félix Duarte Ortega admitió que la edad promedio de los cooperativistas ronda los 60 años, urgiendo “acciones concretas”.