Fabiana del Valle, una artista cubana de 42 años, comparte en su diario cómo la declaración de 'estado de guerra' por el gobierno ha intensificado las dificultades diarias en la isla. Ante la captura del presidente venezolano a inicios de 2026 y un ultimátum de Washington, Cuba enfrenta escasez extrema de alimentos, electricidad y medicinas. Del Valle expresa el agotamiento de los ciudadanos comunes atrapados en tensiones geopolíticas.
Fabiana del Valle, de 42 años y artista en La Habana, relata en su diario publicado en Havana Times cómo su vida ha cambiado drásticamente. Antes, el arte era su forma de rebelión y expresión; ahora, sus pinceles descansan porque la supervivencia prima sobre los hobbies. "No podemos permitirnos el lujo de 'pintar por amor al arte'", escribe, enfocándose en conseguir comida diaria.
La situación se ha vuelto insoportable tras el anuncio del gobierno cubano de un "estado de guerra", en respuesta a la captura del presidente venezolano a principios de 2026. Esto desencadenó un ultimátum de Washington: ceder o perder el petróleo que mantiene a flote al país exhausto. Como resultado, no hay pan, electricidad ni medicinas, lo que significa noches interminables, comida echándose a perder y hospitales a oscuras.
El 3 de enero de 2026 marcó un punto de quiebre, agravando problemas preexistentes. Treinta y dos soldados cubanos murieron en Caracas, regresando en ataúdes de madera amid banderas y discursos solemnes. Del Valle lamenta: "Hijos que no volverán, jóvenes que murieron lejos en una guerra que no resolvió el hambre de sus madres ni el dolor de nuestros niños".
El miedo impregna las calles con puestos de control, búsquedas constantes, maniobras militares y mayor represión. El internet intermitente, ya sea por falta de combustible o censura, aísla a la población. Opiniones divididas: algunos piden negociación, otros insisten en no rendirse. En el medio, padres, niños y ancianos solo desean dormir con un ventilador y despertar sin temor.
Del Valle concluye: "He estado luchando por 42 años, y mi deseo es simple: quiero vivir". En Cuba, no hay aspirina para el cáncer que nos consume, pero sobran eslóganes que nos envenenan diariamente.