Lien Estrada, en su diario, relata cómo lidia con las secuelas de la chikungunya y el dengue en Cuba, donde los medicamentos son un tesoro escaso. Expresa frustración por las limitaciones físicas y critica al gobierno por supuestamente preferir a la población debilitada. Agradece la solidaridad de amigos que comparten vitaminas y analgésicos.
Lien Estrada, escritora cubana, comparte en Havana Times su experiencia personal con las secuelas de la chikungunya, que ha padecido durante tres meses, seguida de dengue. Describe cómo un amigo de su madre le regaló suplementos multivitamínicos, recibidos con gran alegría, ya que en Cuba los analgésicos, sedantes y vitaminas son 'verdaderos tesoros'. No puede caminar mucho sin sufrir dolores intensos al día siguiente; desde su ventana observa una colina que solía recorrer diariamente, pero ahora ni siquiera puede imaginarlo completo.
Estrada menciona que sus manos carecían de fuerza, temiendo despedirse de la guitarra, pero recientemente ha retomado ejercicios básicos y siente alivio al poder tocarla un poco. Su tía sufre dolores nocturnos tan fuertes que se despiertan, preparándose para aceptarlos como crónicos. Estrada enfatiza que las pastillas alivian el día a día, permitiendo 'respirar con más paz y menos quejas'.
En un tono crítico, relata que amigos creen que el virus fue propagado por el gobierno para mantener a la gente en cama en lugar de protestando por derechos. Argumenta que el caos de hambre y escasez beneficia al estado, que en programas como 'Cuadrando la caja' promete soluciones que ella duda. Siente que Cuba es como una 'tumba gigante para los vivos', con la mitad de la población encarcelada por protestas pacíficas y el resto 'imprisoned' sin saberlo. A pesar de todo, agradece la solidaridad: aspirinas, Tylenol, ibuprofeno, alprazolam y mensajes de aliento, que mantienen viva la esperanza en medio de la catástrofe.