En su diario, la cubana Irina Pino describe cómo el 31 de diciembre de 2025 perdió su encanto para muchas familias debido a separaciones familiares, escaseces y apagones. Aunque algunos mantienen esperanzas para el año nuevo, ella optó por una celebración solitaria, recordando tiempos pasados con cariño.
El 31 de diciembre de 2025, fecha que para algunas familias cubanas aún evoca celebraciones, se convirtió en un día de dolor para otras, marcado por la separación familiar, las carencias materiales, los cortes de electricidad y las enfermedades. Irina Pino, en su entrada de diario publicada en Havana Times, destaca el regreso de emigrantes a Estados Unidos que fueron deportados y ahora enfrentan un panorama desolador, lo que les ha causado una derrota moral y agotamiento mental.
Pino comparte su experiencia personal: la mayoría de sus seres queridos viven en otro país, y aunque recibe ayuda alimentaria, la calidez emocional es inalcanzable a través de aplicaciones como WhatsApp. Su día transcurrió sin grandes eventos; envió tarjetas a amigos para recordarles su apoyo mutuo, y se dedicó a tareas domésticas como cocinar y lavar, aprovechando que la electricidad solo falló brevemente por la mañana.
A pesar de la tristeza por la creencia optimista de que el 2026 será diferente, las personas intercambian felicitaciones deseando salud y prosperidad. Una amiga la invitó a cenar para evitar la soledad, pero Pino prefirió quedarse en su habitación, abrigada contra el frío, viendo una película en la computadora, un ritual anual que le permite evadirse.
La alegría llegó con llamadas de sus sobrinas y hermana vía WhatsApp, donde rieron recordando reuniones familiares organizadas por sus padres: los dulces caseros de su padre, las botellas de sidra y vino conseguidas con esfuerzo, y la tradición de arrojar agua al llegar la medianoche para desechar lo negativo. Lo fundamental, reflexiona, era estar juntos, algo que nunca imaginaron se rompería tanto.