En una entrada de diario reciente, Eduardo N. Cordovi Hernández reflexiona sobre cómo el tiempo parece haberse detenido en Cuba desde 1959, comparándolo con cambios globales y una metáfora aterradora de una rana.
Eduardo N. Cordovi Hernández, en su diario publicado en Havana Times el 23 de enero de 2026, describe eventos mundiales recientes que parecen preparar transformaciones mayores, a las que algunos llaman 'causa y efecto' o karma. Mientras tanto, en Cuba, sus amigos comentan en charlas callejeras que a veces todo parece congelarse, para luego moverse de golpe, ya sea para mal o para bien. El autor cree que estas percepciones siempre ocurren, pero a menudo no las notamos.
Desde su perspectiva como niño de nueve años en 1959, recuerda un momento histórico maravilloso, a pesar de la desconfianza de sus padres, campesinos de la provincia de La Habana. Sin embargo, esos eventos maravillosos se convirtieron en esperanzas irreales que se desvanecieron en el futuro. Los momentos presentes, que se convierten en pasado, no son agradables de recordar. Hernández argumenta que no es que el tiempo se detenga, sino que la gente no quiere que pase, lo que genera una sensación de retroceso.
Cita una canción de Silvio Rodríguez deseando algo que 'borre todo', como una luz cegadora, un golpe de nieve o una nubecilla, para no ver lo mismo eternamente. Lo más alarmante es la comparación con el experimento de la rana en agua que se calienta gradualmente: la rana no salta hasta que es demasiado tarde y muere escaldada. Hernández sugiere que en Cuba podría estar ocurriendo algo similar, un cambio lento que no se percibe a tiempo.