En un artículo reflexivo, Juan Manuel Nieves insta a valorar el tiempo finito en la esfera pública y personal, especialmente en esta época navideña. Destaca cómo los gobiernos en su fase final no recuperan oportunidades perdidas, y en la vida individual, la soledad se agrava en las fiestas. Propone acompañar a los solitarios como propósito esencial para cerrar el año.
El columnista Juan Manuel Nieves publica en La República un texto introspectivo titulado 'Antes de que sea la última Navidad', donde explora la percepción acelerada del tiempo con la edad. Señala que los días mantienen 24 horas, pero los años parecen más cortos, y el tiempo no regresa una vez perdido.
En el ámbito político, critica que los gobiernos en recta final no pueden enmendar reformas postergadas por viajes, espectáculos o disputas personales. El costo lo asume el país, ya que el reloj institucional avanza sin pausas. Nieves enfatiza que gobernar requiere administrar el tiempo eficientemente.
En lo personal, evoca a Sigmund Freud: todos conocen la muerte, pero pocos actúan como si el tiempo fuera limitado. Comparte la historia de una amiga de 33 años que acepta la soledad tras creer que el amor llegó tarde, ilustrando un mundo hiperconectado donde se siente tarde para conectar.
La soledad, describe, se disfraza en rutinas diarias y redes sociales, pero emerge cruda en festividades como la Navidad, convirtiendo encuentros en aislamiento frente a la televisión. Nieves aboga por vivir intencionalmente: cuidar relaciones, no posponer abrazos o llamadas. Un propósito navideño ideal es visitar o escuchar a alguien solo, evitando que figuras como Jorge Barón sean el único consuelo.
Concluye que el presente permite elecciones humanas, recordando no las prisas, sino las presencias cercanas.