En una entrevista reciente, el actor y activista cubano Yunior García Aguilera comparte sus experiencias en el teatro, su rol en la oposición y las reformas esenciales para una posible transición en Cuba. Exiliado en Madrid tras amenazas del régimen, enfatiza la importancia de un estado de derecho, orden público y libertad de mercado. García admite errores pasados por falta de preparación política y urge a socializar proyectos concretos para el futuro del país.
Yunior García Aguilera, actor, dramaturgo y activista cubano, se convirtió en una voz visible del movimiento 27N en 2020 y fundó la plataforma Archipiélago, desde la cual convocó a la Marcha Cívica por el Cambio en noviembre de 2021. Tras semanas de vigilancia y amenazas de la Seguridad del Estado, logró salir de Cuba y establecerse en Madrid, donde continúa defendiendo los derechos humanos y usando el arte como herramienta de memoria y resistencia.
En la entrevista con Julio Antonio Fernández Estrada para El Toque, García reflexiona sobre los obstáculos en el teatro cubano desde la Revolución. Menciona la persecución a figuras como Virgilio Piñera, quien enfrentó a Fidel Castro diciendo 'Tengo miedo', y la censura de obras como Las Siete Contra Tebas en 1968. El teatro, dice, hereda un 'peso de miedo y censura' debido a su poder confrontacional, donde actores y público coinciden en un espacio mágico.
García relata cómo Díaz-Canel asistió a sus obras en Holguín: una comedia, Todos los Hombres son Iguales, y una política, Sangre, que incluía una Dama de Blanco en escena. Admite su ingenuidad inicial al creer en reformas y diálogo, lo que lo llevó a un rol político sin preparación. 'Me aplastaron. Me derrotaron, y lo reconozco', afirma, destacando que las derrotas también construyen.
Sobre su liderazgo en Archipiélago, reconoce errores como suspender contactos con embajadas por temor a críticas en televisión, llamándolo una 'absurdidad política'. En Cuba, faltan líderes políticos experimentados; predominan influencers y líderes de opinión. Para una transición, propone cinco pilares: un estado de derecho con máximas libertades, orden público para combatir el crimen en ascenso, libertad de mercado eliminando empresas estatales socialistas ineficaces, garantías estatales para salud, educación y cultura universales, y sanar la nación deteriorada por la violencia y la descomposición social.
'Cambiar el modelo, con democracia, estado de derecho y libre mercado, mejorará el país, incluso con los líderes más mediocres', sostiene. Urge preparar proyectos concretos, como resolver el problema energético, y socializarlos para disipar miedos de caos post-régimen. En el exilio, se siente un 'cubano crónico', agradecido a España por salvarle la vida, pero añorando sensaciones de su barrio en Holguín. Recuerda su encuentro con Carlos Alberto Montaner, quien optó por eutanasia sin ver la libertad de Cuba.