En una reciente reunión del Comité Central del Partido Comunista, el presidente Miguel Díaz-Canel criticó duramente a su antiguo ministro de Economía, Alejandro Gil, sentenciado a cadena perpetua por espionaje. Utilizó citas de Fidel Castro para retratarlo como un traidor, evitando detalles sobre el caso. Esta intervención resalta la ruptura en una relación previamente cercana.
La intervención de Miguel Díaz-Canel en la reunión del Comité Central del Partido Comunista se centró en el escándalo judicial envolvendo a Alejandro Gil, exministro de Economía y primer ministro adjunto, condenado a cadena perpetua por espionaje y 20 años por otros delitos. En lugar de ofrecer explicaciones sobre los hechos, mecanismos de control fallidos o lecciones institucionales, el presidente optó por un discurso cargado de retórica moralizante.
Díaz-Canel invocó frases de Fidel Castro para describir a Gil como un ejemplo de quienes 'obstruyen el camino y retrasan el progreso' o 'venden la nación que los elevó a los más altos cargos'. Una cita destacada advierte sobre las debilidades humanas que el enemigo explota para reclutar espías y traidores. Otra enfatiza que la Revolución revela a los verdaderos patriotas y a los grandes traidores, aquellos que 'no son ni siquiera buenos para fertilizar la tierra con su sangre y sus vidas'.
La relación entre ambos fue estrecha: Díaz-Canel actuó como asesor principal de la tesis doctoral de Gil y lo elogió públicamente incluso tras su destitución. Gil representó la política económica del gobierno, recibiendo abrazos y reconocimientos del presidente. Sin embargo, Díaz-Canel testificó como acusación en el juicio a puerta cerrada contra Gil.
En su alocución, el presidente lo tildó de egoísta, ambicioso, desleal, traidor y cobarde, concluyendo que la Revolución tiene 'tolerancia cero' para tales conductas. No se mencionaron detalles sobre el descubrimiento de la supuesta red de espionaje, estructuras comprometidas o responsabilidades políticas por mantenerlo en el cargo tanto tiempo. Esta aproximación transforma el caso en una lección moral, dejando preguntas sobre transparencia sin respuesta.