Miguel Coyula Aquino, nacido en La Habana en 1977, es un director independiente que maneja todos los aspectos de sus películas, desde guiones hasta edición. Su cine invita a la reflexión mediante imágenes fragmentadas y estilos visuales innovadores, mientras enfrenta marginalización profesional en Cuba. A pesar de ello, gana premios internacionales y viaja con su pareja, la actriz Lynn Cruz.
Miguel Coyula Aquino, nacido en La Habana en 1977, se destaca como director independiente en el cine cubano. Él mismo se encarga de los guiones, la cinematografía, la edición y la música de sus obras, enfatizando que el texto debe ser visual para definir el ritmo y el tono. Utiliza storyboards para planificar tomas precisas. Según Coyula, crecer en Cuba proporciona un entrenamiento único: “Crecer en Cuba es un entrenamiento increíble para funcionar en cualquier parte del mundo, porque te enseña a hacer mucho con nada”.
Sus películas exploran inconsistencias y paradojas en contextos cubanos, combinando elementos documentales y ficticios. Entre sus obras clave se encuentra Memorias del desarrollo (2010), basada en una novela de Edmundo Desnoes, que ganó alrededor de veinte premios en Cuba y en el extranjero. Esta cinta aborda el malestar existencial con un estilo fragmentado y frenético, similar a Memorias del subdesarrollo (1968) de Tomás Gutiérrez Alea, también adaptada de Desnoes. Otras producciones incluyen Nadie (2017), un diálogo con el poeta Rafael Alcides; Corazón azul (2021); y Crónicas del absurdo (2024).
A pesar de la indiferencia estatal y la marginalización en Cuba, Coyula proyecta sus filmes localmente y participa en eventos internacionales. Vive bajo vigilancia pero mantiene libertad para viajar y recibir reconocimientos. Además de cine, ha publicado novelas como Mar Rojo, Mal Azul (2013) y La isla vertical (2022), y el libro no ficticio Matar el realismo (2024), con fotos, textos e entrevistas.
El autor del artículo, Franco Avicolli, respeta la trayectoria de Coyula, aunque no comparte su crítica generalizada a Fidel Castro. Ve en su rechazo a la propaganda del régimen la semilla del “nuevo hombre” revolucionario, opuesto a modelos de desarrollo industrial excluyentes.