El artista y activista cubano Nonardo Perea comparte en una entrevista su experiencia de exilio en España tras su participación en el Movimiento San Isidro. Describe las dificultades de la migración forzada, el impacto en su familia y su trabajo creativo como forma de denuncia contra el régimen cubano. A pesar de la libertad ganada, enfrenta soledad y desafíos económicos.
Nonardo Perea, artista, escritor y creador audiovisual cubano, ha centrado su obra en su identidad queer y experiencias personales disidentes. Tras 20 años trabajando en cerámica en Cuba, se dedicó al periodismo independiente en Havana Times. Su salida a España en 2019 fue impulsada por la Seguridad del Estado debido a su participación en la Bienal 00 de La Habana, organizada por el Movimiento San Isidro, del que aún forma parte.
Antes de un curso en Praga, sufrió interrogatorios que él describe como tales, no como 'entrevistas'. En España, ha intensificado su activismo, enfocándose en denunciar mediante audiovisuales lo vivido en Cuba, viéndolo como un acto de venganza contra el sistema dictatorial. Sin embargo, el exilio ha sido marcado por la soledad: 'Mi trabajo aquí ha sido difícil, porque lo he hecho solo y ha estado marcado por la soledad del exilio, que es terrible', afirma.
Su madre, una persona mayor y sola en Cuba, representa un dolor constante; es hijo único y no puede regresar. Como solicitante de asilo, no desea volver debido a la discriminación por su homosexualidad desde la infancia. Se siente privilegiado por no ser negro, pero invisible como gay sin formación en escuelas de arte. Publicar en Cuba fue arduo: su primer libro tardó diez años y requirió premios como el Franz Kafka en Praga.
A los 46 años, la migración le provocó ataques de pánico, insomnio y la pérdida de una relación de ocho años, aunque se siente más libre como persona no binaria gay. Recientemente, estrenó dos filmes en Instagram: uno sobre su llegada a España con Yanelis Núñez y otro sobre el exilio. Perea recuerda a presos como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, deseando la caída de la dictadura.