Alejandro dejó Cuba por amor y ahora prospera como mecánico en la fría ciudad de Bariloche, Argentina, abrazando una nueva realidad lejos de su hogar isleño. Originario de La Habana, se mudó hace casi una década tras conocer a su pareja, una argentina que estudiaba en la Universidad de La Habana.
Alejandro, nacido en el municipio habanero de Diez de Octubre, es uno de los 1.200 cubanos que vivían en Argentina hasta 2020, específicamente en San Carlos de Bariloche. Esta ciudad patagónica, rodeada por el lago Nahuel Huapi y los Andes, contrasta con el Caribe por su clima frío y arquitectura alpina suiza, resultado de asentamientos europeos que desplazaron a los mapuches.
Su migración no fue por razones políticas, sino por amor. 'No fue un tema político o social. Me fui porque me enamoré', explica Alejandro. Se conocieron el 26 de julio de 2015 en un concierto de música bailable en La Habana. Ella, originaria de Bariloche y estudiante en la Universidad de La Habana, compartieron dos años de convivencia antes de mudarse a Argentina en 2017, cuando él tenía 27 años.
En Cuba, Alejandro estudió Ingeniería Mecánica en la CUJAE pero no terminó, prefiriendo trabajar con motores, madera y piedra. 'Me gustan los motores. Me gusta estar cerca del metal. También soy autodidacta en pintura', confiesa. Aprendió mecánica de su tío y primo desde los 13 años. Al llegar a Argentina, trabajó para la marca austriaca KTM AG y luego abrió su propio taller.
La comunidad cubana en Bariloche es dispersa: estudiantes de ingeniería química o biología, trabajadores en turismo y proyectos independientes, sin espacios colectivos unificados. Alejandro habla de duelo migratorio y nostalgia, pero advierte contra su peligro. Cita una canción de Orishas: 'Sé que dejé Cuba, pero sé que Cuba no me dejó'. Ama su país y sueña con envejecer allí, aunque no planea tanto.
Recomienda a cubanos no temer el frío; hay oportunidades en turismo y ciencia. Lucha contra estereotipos que sexualizan a los cubanos. En su rutina, disfruta el mate, el café y la inspiración del lago, adaptándose con resiliencia cubana.