En su diario, Irina Pino comparte cómo enfrenta los prolongados apagones nocturnos en La Habana, recurriendo a herramientas simples y la lectura para pasar el tiempo. Destaca las marcadas diferencias sociales reveladas por estos cortes de energía, donde familias de mayores ingresos mantienen generadores mientras otros se adaptan con modestia.
Irina Pino, en una entrada de su diario publicada el 28 de diciembre de 2025, detalla su rutina durante los apagones de emergencia en La Habana que duran más de cinco horas. En lugar de frustrarse, enciende una pequeña lámpara y un ventilador recargable con luz integrada que ilumina adecuadamente. Usa la lámpara como linterna en la cocina para calentar comida, lavar platos o preparar algo ligero, ya que no cena tarde.
Su apartamento no queda en completa oscuridad gracias a la luz del edificio CIMEX, una institución estatal-militar con generador. A veces, sale al balcón con su mascota para escuchar música o ver videos. Luego, se dirige al dormitorio, se acomoda con almohadas y lee libros como Liaisons Dangereuses, biografías de Sylvia Plath y Katherine Mansfield, o La Letra Escarlata, ya sea en físico o en su teléfono. "Es curioso cómo alguien puede interesarse en leer cuando estar en la oscuridad invita más al descanso y al sueño", reflexiona.
Si el apagón se extiende, se duerme con la brisa del ventilador. Sus vecinos salen a la calle, se sientan en parques a charlar o juegan dominó iluminados por celulares. Los de mayor recursos van a lugares de entretenimiento con música y bebidas. Pino enfatiza las diferencias sociales: familias de altos ingresos tienen generadores en casa y negocios privados permanecen abiertos hasta tarde, mientras las empresas estatales cierran. Esto paraliza al país sin esperanza de progreso.