Tras el ciclón extratropical que azotó São Paulo el 10 de diciembre, más de 1,3 millones de clientes de Enel seguían sin electricidad hacia la noche del 11 de diciembre. Sin un plazo de restauración proporcionado, las autoridades intensifican las críticas a la empresa y exigen intervención federal.
Como se informó anteriormente, el ciclón trajo vientos de hasta 98 km/h, derribando árboles e inicialmente dejando sin luz 2,2 millones de hogares en el Gran São Paulo. A las 20:45 del 11 de diciembre, 1,3 millones de clientes —más de 900.000 solo en la capital— seguían afectados, a pesar de que Enel restauró el servicio a unos 1,2 millones utilizando más de 1.600 equipos y 700 generadores.
La empresa reconoció daños graves en la infraestructura que requieren la reconstrucción completa de postes, transformadores y cables en algunas zonas, pero no ofreció un plazo para la normalización total.
El alcalde Ricardo Nunes criticó a Enel por 'irresponsabilidad', destacando 137 árboles caídos cuya remoción depende de la compañía. El gobernador Tarcísio de Freitas pidió intervención federal y la posible caducidad del contrato de Enel, que expira en 2028, criticando el plan de contingencia desactualizado y la falta de inversiones en automatización de la red.
Los impactos más amplios empeoraron: faltas de agua afectaron zonas como Morumbi y Vila Mariana; el aeropuerto de Congonhas registró 300 cancelaciones de vuelos; las pérdidas comerciales alcanzaron los 100 millones de reales; Ceagesp sufrió pérdidas por falta de refrigeración; los residentes recurrieron a generadores costosos (3.800 reales por ocho horas), con condominios considerando demandas judiciales. El Ministerio de Minas y Energía envió refuerzos, sumando casi 2.000 equipos.