La izquierda y centroizquierda chilena enfrentan una derrota histórica en la segunda vuelta presidencial, donde José Antonio Kast obtuvo el 58% de los votos el 14 de diciembre. Analistas critican la ausencia de un diagnóstico profundo sobre las causas del fracaso, atribuyéndolo más a fallas en la gestión del gobierno de Gabriel Boric que al rechazo ciudadano a su proyecto político refundacional.
La victoria de José Antonio Kast en la elección presidencial de segunda vuelta, con el 58% de los votos el 14 de diciembre, marca el fin de un ciclo político iniciado en 2011 con el movimiento estudiantil, continuado por los cambios refundacionales del segundo gobierno de Michelle Bachelet, agudizado en el estallido social de 2019 y culminado en la propuesta constitucional rechazada en el plebiscito de septiembre de 2022. Esta derrota, comparable a la caída de la Unidad Popular en 1973, deja al gobierno de Gabriel Boric en coma y a la candidata oficialista Jeannette Jara sin opciones viables.
Diversos análisis destacan la falta de autocrítica en la izquierda. El Partido Comunista atribuye el revés a una 'brecha persistente entre las aspiraciones de transformación expresadas por amplios sectores del pueblo y la capacidad del gobierno para producir un proceso de cambios', según sus conclusiones del último Comité Central. El Frente Amplio admite errores pero reivindica avances, mientras el presidente del PPD, Jaime Quintana, advierte que 'la falta de reflexión del FA nos puede llevar a nuevas derrotas y hacer un daño irreversible al sector'. La presidenta del Partido Socialista sostiene que no se puede atribuir la derrota solo a Jara o al gobierno, ya que los partidos del sector experimentan un decrecimiento general.
Expertos como los editorialistas de La Tercera argumentan que el error radica en asumir causas coyunturales, ignorando que el proyecto político refundacional perdió adhesión ciudadana, como evidenció el rechazo abrumador al texto constitucional de 2022. Este plebiscito creó un nuevo clivaje entre 'Apruebo' y 'Rechazo', priorizando soluciones concretas sobre transformaciones radicales. Sin un debate profundo, la izquierda podría optar por reactivar movilizaciones sociales, como propone el PC, o esperar el 'ciclo pendular' para volver al poder en cuatro años, lo que podría boicotear al nuevo gobierno y agravar problemas nacionales.
En contraste, Kast ha mostrado mesura postelectoral, llamando a la unidad y respetando a Jara, lo que resalta la necesidad de reducir la polarización. La ausencia de diagnóstico genuino, como señala Max Colodro, impide que la izquierda asuma responsabilidades en el deterioro del país, especialmente para los más pobres.