El gobierno de Lula está preocupado por el veto de la Unión Europea a la carne brasileña, que entrará en vigor en septiembre y podría elevar los precios internos antes de las elecciones.
La Unión Europea excluyó a Brasil de la lista de países que cumplen con las normas contra el uso excesivo de antimicrobianos en la ganadería. El país no presentó la información necesaria para demostrar que su producción cumple con los requisitos, aunque el bloque dejó abierta la posibilidad de revertir la medida.
El bloque europeo es el segundo mercado más grande para las carnes brasileñas, solo por detrás de China. Miembros del Ministerio de Agricultura y representantes del sector agropecuario calculan un impacto anual de 2200 millones de reales si las restricciones se mantienen.
El temor es que el costo sea trasladado a los consumidores brasileños. El gobierno está intentando revertir la decisión, al menos parcialmente.