Andrés Contamagna, consultor ganadero, afirmó que los recientes aumentos en el precio de la carne responden a factores estacionales y no se sostendrán. Prevé estabilidad en abril por la baja en el valor de la hacienda en pie. El consumo se reconfigura hacia pollo y cerdo ante una oferta estructuralmente menor de carne vacuna.
El precio de la carne ha vuelto al centro del debate económico en Argentina, pero el sector ganadero lo relativiza en su impacto sobre la inflación. Andrés Contamagna explicó a Canal E que los incrementos recientes son “simplemente la estadística estacional” y que “lo que se vivió ya es tiempo pasado”. En abril, anticipa “una tranquilidad en cuanto al precio de la carne” por la disminución en el valor de la hacienda.
El consultor advirtió sobre una reducción estructural en la oferta de carne vacuna, que se extenderá hasta 2027. “La restricción de escasez no va a ser solo por el 2026, sino que va a ser por el 2027”, señaló. Ante esto, los consumidores optan por alternativas: “está prefiriendo el pollo y el cerdo”.
A pesar del cambio, el consumo total de proteínas permanece estable en alrededor de 117-118 kilos por persona. “La canasta viene siendo la misma en cantidades”, aclaró Contamagna, aunque con distinta composición. Descartó el impacto de carnes no tradicionales como la de burro por falta de escala.
En cuanto a precios, “lo fija el cliente, pero el techo lo pone la carne vacuna”. Los costos no son proporcionales debido a granos, fletes y combustible, aunque la baja en granos beneficia al porcino y avícola.