Monica Eriksson, de 83 años, residente en Sunnansjö, sufrió un gran impacto cuando el personal de asistencia a domicilio se presentó acompañada de dos guardias de seguridad de Securitas tras recibir una notificación de que la atención a su marido Leif, de 86 años, podría ser retirada.
Monica Eriksson ha luchado durante mucho tiempo para que su marido Leif reciba la atención que ella considera que le corresponde. Los conflictos con el municipio se han centrado en las horas de servicio, las facturas y las notas de los diarios de asistencia. Primero llegó el aviso de que la asistencia a domicilio podría ser retirada por completo. Unas horas más tarde, llamaron a la puerta y el personal se encontraba allí junto con dos guardias de seguridad. – Fue un shock, afirma Monica Eriksson, quien describe la situación como vejatoria.