Egipto es el principal productor mundial de jazmín, con la mayoría del cultivo en Shubra Balula, Monufiya. Las flores se cosechan diariamente durante seis meses al año, y los aceites extraídos se exportan para su uso en productos desde perfumes hasta confitería y aromaterapia. Sin embargo, los trabajadores soportan bajos salarios ligados a la producción diaria, limitados a la temporada de cosecha, y un trabajo agotador que comienza en plena noche.
En los extensos campos de jazmín de Shubra Balula en el gobierno de Monufiya, la cosecha comienza justo antes del amanecer, cuando los trabajadores se adentran en la oscuridad para recolectar a mano las delicadas flores. Egipto, líder mundial en la producción de jazmín, mantiene este ritual diario durante seis meses al año, transformando las flores en aceites valiosos exportados para perfumes, confiterías y productos de aromaterapia. Localmente, estos campos se han convertido en un atractivo turístico, promocionados como la encarnación de la belleza rural y un estilo de vida campesino auténtico.
Sin embargo, detrás de esta fachada pintoresca yacen duras condiciones laborales. Los trabajadores reciben bajos salarios directamente vinculados a la producción diaria, limitados únicamente a la temporada de cosecha, dejándolos vulnerables durante los meses fuera de temporada. Un informe de campo detalla cómo periodistas se unieron a los trabajadores en una de esas noches para documentar los esfuerzos extenuantes que comienzan en plena noche y se extienden hasta la mañana. Esta empresa agrícola, vital para la economía, subraya la disparidad entre su atractivo turístico y las penurias diarias enfrentadas por quienes en ella trabajan, sin mejoras inmediatas observadas.