Javier Rotaeche Mosquera, nacido en Santander en 1939, se convirtió en el primer alcalde democrático de Ramales de la Victoria entre 1979 y 1983, dedicando su vida a fomentar la cultura, la educación y el bienestar comunitario en el municipio cantábrico. A sus 86 años, fue nombrado hijo adoptivo en 2023 por sus más de 58 años de servicio público. Su legado incluye la fundación de asociaciones vecinales y culturales que transformaron la vida local.
Javier Rotaeche Mosquera nació el 4 de febrero de 1939 en Santander, en una familia humilde marcada por la posguerra española. Hijo de un mecánico y una vendedora de pescado, aprendió desde joven valores de trabajo y solidaridad. A principios de los años 60, se instaló en Ramales de la Victoria, donde abrió un taller mecánico y conoció a su esposa, Dulce María Zubillaga Trueba, con quien se casó en 1963 y tuvo ocho hijos.
Desde su llegada, Rotaeche se involucró en la vida comunitaria. Fundó y presidió la Asociación de Padres y Alumnos del colegio Príncipe de Asturias, impulsando actividades educativas y excursiones. Cofundó la Asociación de Vecinos, promoviendo mejoras colectivas sin confrontaciones. Apoyó la Banda Municipal y creó la Rondalla San Pedro Apóstol en los años 70. Como coordinador de Cáritas en Ramales durante casi una década, ayudó a familias con necesidades básicas y facilitó transporte médico, logrando incluso la adquisición de dos ambulancias.
En 1979, como independiente en la candidatura del PRC, fue elegido primer alcalde democrático, sirviendo hasta 1983 sin cobrar salario. Impulsó infraestructuras como pistas polideportivas, carreteras, abastecimiento de agua y 120 viviendas nuevas. Promovió el deporte, la cultura y fiestas locales, como la Verbena del Mantón.
Su compromiso continuó: en 2015 fundó el Club de Ajedrez Alto Asón, enseñando a más de 80 niños semanalmente. En marzo de 2023, el Ayuntamiento, liderado por César García García, le otorgó el título de hijo adoptivo por su contribución a la democracia, la cultura y una sociedad justa. 'Estoy orgulloso de haber trabajado siempre por los demás sin pedir nada a cambio', dijo Rotaeche.
A los 86 años, jubilado tras cerrar su taller a los 74, enfrenta el párkinson tras superar un cáncer de garganta, mientras su esposa lidia con artrosis. Su lema: 'Siembra felicidad y recogerás humanidad'. Este perfil forma parte del proyecto Legado Cantabria, que rescata memorias orales de mayores de 70 años.