Daniel Arizmendi López, conocido como 'El Mochaorejas', fue absuelto del delito de secuestro por una jueza federal tras 27 años en prisión, debido a la falta de pruebas suficientes. Aunque ordenaron su libertad en ese caso específico, permanecerá encarcelado por otros delitos. La decisión revive el recuerdo de su banda, famosa por la mutilación de orejas en los años 90.
Daniel Arizmendi López, alias 'El Mochaorejas', nació en 1966 en la Ciudad de México y se convirtió en líder de una banda de secuestradores que operó principalmente entre 1996 y 1998. Su grupo fue responsable de al menos 12 secuestros documentados, aunque autoridades estiman hasta 40 casos en estados como Querétaro, Morelos, Estado de México, Puebla y la Ciudad de México, enfocados en empresarios. El apodo 'El Mochaorejas' surgió de su método brutal: cortar orejas de las víctimas y enviarlas a las familias como presión para el pago del rescate, una práctica confirmada por la Procuraduría General de la República (PGR).
Arizmendi fue capturado el 18 de agosto de 1998 en el Estado de México por un operativo conjunto de la PGR y la Policía Judicial Federal. Confesó 21 secuestros y tres asesinatos, el último justo antes de su detención. En 2000, recibió una sentencia de 393 años de prisión por delincuencia organizada y secuestros, ajustada posteriormente; en 2006, acumulaba penas cercanas a 400 años. Sus cómplices recibieron condenas de entre 7 años y 160 años.
El 24 de diciembre de 2025, la jueza segunda de Distrito en Materia Penal en el Estado de México, Raquel Ivette Duarte Cedillo, lo absolvió del delito de privación ilegal de la libertad en modalidad de secuestro. 'No existe señalamiento o imputación directa en contra de Daniel Arizmendi López que permita arribar, aún de manera indiciaria, a su plena responsabilidad (...) se absuelve de la acusación ministerial', indica la sentencia. Sin embargo, lo condenó a ocho años por delincuencia organizada, pena ya cumplida tras 27 años preso en el centro penitenciario El Altiplano.
Arizmendi seguirá en prisión por otros procesos pendientes. Su caso marcó la historia criminal de México, impulsando unidades especializadas antisecuestro y destacando fallas institucionales en los años 90, cuando el secuestro aterrorizaba a la capital sin distinción de clases sociales.