En una columna de Folha, el profesor Wilson Gomes critica a la izquierda por defender al ministro Alexandre de Moraes atacando al periodismo y la reputación de la periodista Malu Gaspar en medio de acusaciones de conducta indebida en el STF. Argumenta que esta estrategia es ineficaz y perjudicial para la democracia. Gomes señala la acumulación de hechos que requieren aclaración pública.
El columnista Wilson Gomes, profesor titular en la Universidad Federal de Bahía (UFBA), publicó un análisis en Folha de S.Paulo sobre el debate en torno a las acusaciones periodísticas que involucran a ministros del Supremo Tribunal Federal (STF), particularmente Alexandre de Moraes. Reportajes liderados por Malu Gaspar revelan contratos, contactos telefónicos y vínculos profesionales sensibles que sugieren conducta indebida u omisiones explicativas. Gomes enfatiza que estos elementos, al acumularse, forman un cuadro que demanda escrutinio riguroso, independientemente de las interpretaciones políticas.
La respuesta de la izquierda, según Gomes, se centró en desacreditar a la periodista en lugar de cuestionar los hechos. Afirmaciones de que Gaspar miente, es una 'simpatizante de Lava Jato' o persigue una agenda golpista carecen de demostración fáctica, lo que las hace intelectualmente débiles. La columnista tiene una sólida reputación sin historial de partidismo, y atacarla sin pruebas solo expone a los críticos.
Esta defensa agresiva de Moraes, adoptada de repente por la izquierda, puede socavar la apariencia de imparcialidad del ministro, vital para un juez constitucional. Gomes advierte que tratar los ataques a periodistas como una táctica legítima equipara a la izquierda con la ultraderecha bolsonarista, que emplea métodos similares. Además, el periodismo de investigación, con fuentes protegidas y reportajes persistentes, fue clave para exponer escándalos como el presupuesto secreto, los sobornos del clan Bolsonaro y los fraudes de Lava Jato.
En última instancia, Gomes concluye que este enfoque convierte un potencial escándalo en un problema para la izquierda, el STF y la democracia brasileña, resultando contraproducente en todos los frentes.