El presidente Cyril Ramaphosa se dirigió a la nación el domingo desde Pretoria, admitiendo fallos del gobierno en la gestión de la inmigración ilegal y exponiendo nuevas medidas para fortalecer las fronteras y la aplicación de la ley.
Ramaphosa habló en medio de continuas protestas contra los extranjeros y repatriaciones de ciudadanos extranjeros. Afirmó que el gobierno asume la responsabilidad por las debilidades en la gestión migratoria, incluyendo la corrupción y los vacíos legales, y que eliminará gradualmente el documento de identidad verde en un plazo de tres meses, además de reubicar los centros de recepción de refugiados en los puestos fronterizos, comenzando este año por Tshwane. El presidente advirtió que solo los funcionarios autorizados pueden hacer cumplir las leyes de inmigración y rechazó la justicia por mano propia. Anunció planes para crear tribunales de inmigración especializados, aumentar las sanciones para los empleadores que contraten a trabajadores sin documentación y contratar a 10.000 inspectores laborales. El líder de la Alianza Democrática, Geordin Hill-Lewis, celebró el discurso, pero destacó la necesidad de realizar reformas económicas. El diputado de los Luchadores por la Libertad Económica, Sam Matiase, cuestionó el momento elegido y afirmó que el discurso no ofrecía soluciones. Durante el fin de semana, vuelos y autobuses de repatriación trasladaron a ghaneses, nigerianos y malauíes a sus países de origen, mientras que una protesta denominada 'Benoni Shutdown' estaba programada para el lunes por la tarde.