Historia de perro abandonado ilustra realidad de activistas cubanos por derechos animales

La historia de un perro llamado Yoni, supuestamente abandonado durante las inundaciones del huracán Melissa en Cuba, generó una campaña mediática que expuso tensiones en el activismo por derechos animales. Aunque el animal y su dueño resultaron estar a salvo, el caso atrajo críticas por priorizar mascotas sobre otras necesidades. Reveló desafíos como la falta de supervisión en clínicas veterinarias y la fragmentación de organizaciones.

El huracán Melissa azotó las provincias orientales de Cuba, causando que el río Cauto, el más grande del país, inundara decenas de comunidades. Casi 100.000 personas fueron evacuadas, incluyendo unas 16.000 en helicóptero, con rescates dramáticos desde techos y áreas aisladas. En ese contexto, el 31 de octubre, la organización Bienestar Animal de Cuba (BAC) informó que un perro fue abandonado durante una evacuación porque su dueño no pudo llevarlo en el helicóptero.

La sede de BAC en La Habana impulsó una campaña en redes sociales exigiendo 'prueba de vida' del animal y una misión de rescate. Medios independientes y publicaciones en el sur de Florida se unieron, proponiendo incluso sacar al perro de Cuba para evitar represalias. Sin embargo, el 10 de noviembre, el periodista y activista Rubén Javier Pérez visitó Cauto el Paso en Granma y encontró a Yoni y a su dueño ilesos, sin conocimiento del revuelo mediático.

Mientras los residentes luchaban por recuperarse —el río alcanzó 4.000 metros cúbicos por segundo, 70 veces su volumen normal, y las aguas subieron más de tres metros—, Pérez reportó pérdidas de animales como lechones, caballos y ovejas. Criticó la campaña de BAC como un 'berrinche' en redes, ya que ningún miembro visitó el área y pidieron reportar páginas de medios estatales como Radio Bayamo durante la emergencia.

El disidente Manuel Viera cuestionó la hipocresía de BAC por enfocarse en perros y gatos, ignorando miles de vacas, cerdos y pollos afectados, y eclipsando problemas humanos como presos políticos y damnificados. BAC evitó la controversia, destacando confrontaciones previas con autoridades y visiones críticas de sus miembros.

El caso pudo presionar por protocolos de evacuación actualizados, pero se limitó a titulares. En un panorama de 21 organizaciones fragmentadas —solo BAC y Aniplant con alcance nacional, esta última reconocida legalmente—, persisten retos como emigración, epidemias y sesgo habanero. Incidentes como quejas contra la clínica Mascolive por negligencia y el negocio no regulado de emigración de mascotas subrayan la necesidad de mecanismos de supervisión en el sector privado veterinario.

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