Hace 500 años, el rey Francisco I de Francia abandonó Madrid tras casi un año como rehén de Carlos I. Fue capturado en la Batalla de Pavía y recibido con lujos en la ciudad. Recibió atención real y libertad de movimiento.
El 18 de marzo de 1526, Francisco I de Francia abandonó Madrid tras casi un año de cautiverio. Capturado en la Batalla de Pavía en febrero de 1525, llegó a Madrid en agosto de ese año, cuando la ciudad era una de las principales urbes españolas, aunque no aún la capital oficial. Antes del Alcázar, se cree que pasó por la Torre de los Lujanes, en la actual Plaza de la Villa, el edificio civil más antiguo de Madrid, y la Casa Palacio de los Vargas, cuya inspiración usó más tarde para su residencia en Bois de Boulogne, llamada Castillo de Madrid. Esta última se convirtió en casa de campo de Felipe II, conocida hoy como Casa de Campo con sus jardines. En el Alcázar, Francisco I tuvo aposentos de lujo, atención personal de Carlos I y libertad para moverse por Madrid acompañado de guardia española, visitando campos, bosques y cazando. Historiadores lo consideran uno de los presos mejor tratados en la historia de España, más como invitado que prisionero, aunque cartas sugieren posible depresión. El Tratado de Madrid, firmado en enero de 1526, acabó su cautiverio: renunció al Milanesado, Nápoles, Flandes, Artois y Borgoña, y se casó con Leonor de Austria, hermana de Carlos I. Sin embargo, al regresar a París, lo declaró nulo por coacción. La captura ocurrió cuando tropas españolas, con refuerzos alemanes e infantería suiza que desertó, rodearon a los franceses. Un soldado guipuzkoano, Juan de Urbieta, lo apresó sin saber su identidad inicial, guiado por sus vestimentas.