El sociólogo Muniz Sodré aborda el feminicidio como un problema endémico en Brasil, arraigado en silencios históricos y dicotomías patriarcales. Destaca el fin de la violencia del silencio gracias a las leyes y los movimientos feministas. La columna enfatiza la necesidad de educación para prevenir la violencia contra las mujeres.
Muniz Sodré, sociólogo y profesor emérito de la UFRJ, publica en Folha de S.Paulo una reflexión sobre la «genealogía del crimen perfecto», en referencia a la violencia contra las mujeres. Explica que el feminicidio no es una epidemia reciente, sino una endemia cultural que siempre ha existido, variando según la región. El impacto actual proviene del fin del silencio impuesto a las víctimas y a las autoridades, que antes minimizaba las estadísticas debido a la voz femenina restringida en los espacios públicos y privados.
Sodré atribuye los avances a leyes como la Ley Maria da Penha y movimientos como Me Too, que elevaron la conciencia de las mujeres sobre la complicidad generada por el silencio simbólico. Establece paralelos históricos: así como los negros e indígenas surgieron como intelectuales orgánicos contra el racismo, las mujeres ahora reclaman su lugar para hablar. La violencia, según él, se origina en dicotomías absolutas como hombre/mujer, en las que el patriarcado impone la sumisión, como se ejemplifica en dictaduras islámicas o en las altas tasas de violación en India.
En Brasil hay cuatro feminicidios por día, pero la policía y el poder judicial están obligados a actuar, y se están creando laboratorios de discusión. Los castigos más severos son ineficaces sin prevención; el enfoque debe estar en la educación desde la infancia hasta la universidad. En el fondo, la negación machista de la voz autónoma de las mujeres constituye el «crimen perfecto», que desencadena una furia narcisista que lleva a asesinatos o agresiones.