El gobierno japonés triplicó el 1 de julio el impuesto de salida a 3.000 yenes por persona para financiar medidas contra los problemas derivados del aumento del turismo receptivo.
El impuesto se recauda al comprar billetes de avión o barco y se aplica a todos los pasajeros que salen del país, independientemente de su nacionalidad. Las exenciones cubren a los pasajeros en tránsito que permanecen menos de 24 horas y a los niños menores de 2 años. Los ingresos servirán para aliviar la congestión en lugares populares y apoyar proyectos de turismo regional. Las tasas de visado se quintuplicaron hasta los 15.000 yenes para entrada única y 30.000 yenes para entradas múltiples. Este supone el primer aumento desde 1978. Al mismo tiempo, se redujeron las tasas de solicitud de pasaporte para los ciudadanos japoneses. Un pasaporte de 10 años cuesta ahora 9.300 yenes, con descuentos adicionales para las solicitudes realizadas en línea. El ministro de Asuntos Exteriores, Toshimitsu Motegi, afirmó que los cambios en los visados reflejan la inflación y la depreciación del yen, y que no se espera que afecten inmediatamente al turismo receptivo. El impuesto recaudó cerca de 49.000 millones de yenes en el año fiscal 2025 y se proyecta que genere alrededor de 130.000 millones de yenes en el año fiscal 2026.