El portero Joan García fue el protagonista del derbi entre el FC Barcelona y el RCD Espanyol en el RCDE Stadium, con paradas decisivas que mantuvieron a su equipo en pie hasta los goles finales de Dani Olmo y Robert Lewandowski. El Barça refrendó su liderato en LaLiga con una novena victoria consecutiva, superando a un Espanyol expansivo pero frustrado una vez más en casa ante su rival. La actuación de García justificó su cambio de equipo, convirtiéndolo en héroe azulgrana y villano para la afición blanquiazul.
El derbi barcelonés en el RCDE Stadium fue dominado de principio a fin por Joan García, el portero del FC Barcelona que negó oportunidades clave al Espanyol. Con seis paradas destacadas, García sostuvo a su equipo ante un rival vigoroso y expansivo, dirigido por Manalo González, que presionó sin desmayo y confió en jugadas de estrategia y transiciones rápidas. El Barça, bajo Hansi Flick, administró recursos con vistas a la Supercopa de Arabia Saudí, resguardando a Pedri y Olmo, recién recuperados de lesiones, y utilizando a Raphinha como tercer volante por delante de Fermín López.
En la primera mitad, el ataque azulgrana fue romo, con solo Lamine Yamal desequilibrando, y sin tiros a puerta ante Dmitrović. A los 20 minutos, Roberto se coló a espaldas de los centrales, obligando a una intervención de García. Más tarde, rechazó un cabezazo a bocajarro de Pere Milla tras centro de Carlos Romero, dejando atónito a González. El Espanyol, con cinco victorias previas que avivaron sus sueños europeos, generó llegadas selectivas pero topó con la serenidad del meta.
Al descanso, Flick sustituyó a Marcus Rashford por Fermín, devolviendo a Raphinha al extremo izquierdo y activando más a Lamine Yamal, con un cabezazo de Jules Koundé. El duelo se convirtió en un mano a mano entre Joan García y el delantero Roberto, con el portero saliendo airoso tres veces. Posteriormente, entraron Olmo, Pedri y Lewandowski, y con cuatro mediocentros, el Barça fluyó: Fermín agitó, Olmo abrió el marcador con un toque sutil, y Lewandowski selló la victoria en el tramo final.
García, nacido en Sallent y ausente del Cornellà-El Prat por seguridad, controló emocionalmente ante un estadio hostil, validando el oportunismo barcelonista sobre el deseo espanyolista.