Noelia Castillo Ramos, una mujer parapléjica de 25 años residente cerca de Barcelona, España, falleció por eutanasia el 26 de marzo de 2026 en el Hospital Residència Sant Camil de Sant Pere de Ribes, tras una solicitud aprobada en 2024 a pesar de las prolongadas apelaciones de su padre, quien argumentaba que padecía trastornos de salud mental. El caso, derivado de traumas infantiles y un intento de suicidio en 2022, ha reavivado el debate sobre la ley de eutanasia en España.
Noelia Castillo Ramos ingresó en un centro de menores bajo tutela estatal en Cataluña a los 13 años, en medio del divorcio de sus padres y dificultades económicas familiares, según confirmó posteriormente su padre, Gerónimo. Allí, fue supuestamente violada por tres jóvenes —descritos en algunos informes como migrantes norteafricanos—, sin que las autoridades proporcionaran detalles amplios ni tomaran acciones contra los perpetradores. También había sufrido una violación previa por parte de un exnovio. Estos eventos desencadenaron una depresión severa, trastorno límite de la personalidad, trastorno obsesivo-compulsivo y otros problemas de salud mental.
El 4 de octubre de 2022, Castillo intentó suicidarse saltando desde una ventana de un quinto piso, sobreviviendo con una paraplejia irreversible (74% de discapacidad), dolor neuropático crónico y condiciones mentales agravadas. España legalizó la eutanasia en 2021 bajo un gobierno liderado por el PSOE. Ella presentó su solicitud en abril de 2024, la cual la Comisión de Garantía y Evaluación (CGAC) de Cataluña aprobó por unanimidad tres meses después, verificando que su sufrimiento era 'grave, crónico e invalidante'.
Su padre, apoyado por la organización legal cristiana Abogados Cristianos y el abogado José María Fernández, impugnó la decisión, argumentando que sus trastornos mermaban su capacidad. Las apelaciones pasaron por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 12 de Barcelona, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos; todos rechazaron las demandas y confirmaron su capacidad para decidir. El proceso retrasó la eutanasia durante 601 días. La mañana del 26 de marzo, un juzgado de instrucción de Barcelona denegó una última solicitud de suspensión vinculada a un tratamiento psiquiátrico.
Alrededor de las 18:00 horas, médicos no objetores administraron una inyección letal de sedación intravenosa en su habitación, deteniendo su corazón y su respiración. Las instalaciones fueron protegidas por los Mossos d'Esquadra ante las protestas de Abogados Cristianos, grupos cristianos y los diputados de Vox María García Fuster y Júlia Calvet, quienes rezaron en el exterior; la familia esperaba por separado. Castillo deseaba 'irse en paz y dejar de sufrir', planeando ponerse su vestido más bonito, maquillarse y morir sola con fotos de su infancia cerca, a pesar de la oposición familiar. Su madre, quien se opuso al procedimiento, permaneció a su lado.
Las reacciones fueron diversas: El País señaló que la lucha legal prolongó su sufrimiento; la autora Irene Gonzalez calificó el suceso en X como una 'ejecución estatal' en medio de fallos institucionales; el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, criticó que se priorizara la autonomía sobre la muerte frente a la protección de la vida; el obispo Luis Argüello declaró que 'su verdadero alivio no es el suicidio'; políticos del PP y Vox denunciaron un 'fallo de Estado'. El abogado del padre afirmó que los sistemas legal, procesal y sanitario fallaron, ofreciendo solo la muerte. Por su parte, quienes apoyaron el proceso argumentaron que las salvaguardas de la ley funcionaron, respetando su voluntad constante.