El peso filipino cerró a 61,30 pesos frente al dólar estadounidense el martes 28 de abril, marcando un nuevo mínimo histórico en medio de las incertidumbres globales provocadas por el conflicto en Oriente Medio.
Los datos de la Bankers Association of the Philippines mostraron que el peso abrió a 60,8 pesos por dólar el martes antes de cerrar en 61,30. La moneda local se había apreciado hasta alrededor de 57,6 pesos el 28 de febrero antes de los ataques de Estados Unidos a Irán, pero se ha debilitado desde entonces.
Michael Ricafort, economista jefe de la Rizal Commercial Banking Corporation, atribuyó la caída del peso a la falta de avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y al cierre continuo del estrecho de Ormuz.
Si bien la depreciación beneficia a las familias de los trabajadores filipinos en el extranjero y a quienes perciben ingresos en dólares mediante mayores remesas, eleva los costos de las importaciones como el petróleo. JC Punongbayan, economista residente de Rappler y profesor adjunto de la Escuela de Economía de la Universidad de Filipinas, señaló: "Para los filipinos comunes, esto es importante porque un peso más débil encarece los bienes importados, el combustible, los insumos energéticos y algunos productos alimenticios. Todo esto avivará aún más la inflación, que ya se encuentra en tendencia alcista".
El Bangko Sentral ng Pilipinas pronostica una inflación promedio del 6,3% este año, la cual podría verse agravada por la caída del peso.