Un equipo de investigadores ha probado el principio centenario de Einstein de que la velocidad de la luz permanece constante, utilizando observaciones de rayos gamma distantes. Su análisis no halló violaciones de esta regla, pero mejoró las restricciones existentes en un orden de magnitud. El estudio destaca los esfuerzos continuos por reconciliar la teoría cuántica con la gravedad.
En 1887, los físicos Albert Michelson y Edward Morley llevaron a cabo un experimento que mostró inesperadamente que no había variación en la velocidad de la luz independientemente de la dirección, allanando el camino para la relatividad especial de Albert Einstein. Esta teoría postula que la velocidad de la luz es constante para todos los observadores, sustentada por la invarianza de Lorentz, un principio central tanto para la teoría cuántica de campos como para el Modelo Estándar de la física de partículas. A pesar de los éxitos de la relatividad especial y la relatividad general —que describe la gravedad como la curvatura del espacio-tiempo—, estos marcos chocan al combinar la mecánica cuántica con efectos gravitacionales. Las teorías de gravedad cuántica a menudo predicen sutiles violaciones de la invarianza de Lorentz, particularmente sugiriendo que la velocidad de la luz podría variar ligeramente con la energía de un fotón a niveles muy altos. Para investigar esto, un equipo de investigación que incluye a Mercè Guerrero, exalumna de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Anna Campoy-Ordaz, actual estudiante de doctorado del IEEC en la UAB, Robertus Potting de la Universidad del Algarve, y Markus Gaug, profesor de la UAB afiliado al IEEC, analizó rayos gamma de muy alta energía de fuentes cósmicas. Estos fotones recorren distancias inmensas, por lo que incluso pequeñas diferencias de velocidad basadas en la energía podrían resultar en retrasos temporales detectables al llegar a la Tierra. Empleando un nuevo método estadístico, los científicos combinaron mediciones previas para examinar parámetros del Standard Model Extension que podrían indicar violaciones de Lorentz. Sus hallazgos, publicados en Physical Review D en 2025, no revelaron tales efectos, confirmando las predicciones de Einstein. Sin embargo, el trabajo reduce el alcance posible para nueva física en un factor de diez. Instrumentos futuros como el Cherenkov Telescope Array Observatory prometen pruebas aún más precisas, continuando la búsqueda para unificar la teoría cuántica y la gravedad.