En una entrevista con diarios regionales el 7 de febrero de 2026, una semana después de que el Parlamento aprobara el presupuesto, el primer ministro Sébastien Lecornu delineó las prioridades de su Gobierno para el año, centrándose en medidas consensuadas como la descentralización, la defensa y la energía en medio de una fragilidad política. Anunció la firma inminente del decreto energético plurianual, un ajuste gubernamental antes del 22 de febrero y otras iniciativas, al tiempo que abordaba desafíos y el legado de Macron.
Una semana después de la ardua aprobación del presupuesto de 2026 el 2 de febrero —que requirió el uso reacio del artículo 49.3—, el primer ministro Sébastien Lecornu repasó sus cinco meses en Matignon en una entrevista publicada el 7 de febrero en varios diarios regionales. Descrito como el «primer ministro más débil de la Quinta República», enfatizó la forja de una mayoría a través de textos de compromiso, como se vio en el presupuesto de la seguridad social, y defendió el déficit del 5% del presupuesto sin subidas de impuestos. Lecornu desveló una hoja de ruta para 2026 que prioriza avances graduales y consensuados sin grandes reformas para llegar al fin del mandato en mayo de 2027. Los proyectos clave incluyen: una nueva ley de descentralización en tres textos (el primero antes de las elecciones municipales); una ley de programación militar presentada en abril, que eleva el presupuesto de defensa de 2026 a 57.200 millones de euros (+13%, o +6.700 millones); y el decreto que publica la programación plurianual de la energía (PPE) hasta 2035, que se firmará «a finales de la próxima semana» por urgencia. La PPE, retrasada dos años y medio por debates sobre nuclear-renovables, incluye seis reactores EPR (ocho opcionales según los compromisos de Macron en Belfort en 2022), inversiones en eólica marina, fotovoltaica, geotérmica y remotorización de eólica terrestre para minimizar conflictos. Prevén un crecimiento más lento de la eólica/solar terrestre y prometen precios estables de la electricidad mediante estrategia de suministro. Otras medidas: dos decretos sobre la ayuda médica estatal (AME) para reducir fraudes (ahorro de 180 millones de euros) y modernización informática; una estrategia migratoria por países con una app de visados con IA pilotada en cinco prefecturas; e iniciativas próximas de Macron sobre el acuerdo de 1968 con Argelia. Ante la falta de margen presupuestario y amenazas políticas, el Gobierno cedió en pensiones (suspendidas por compromiso socialista), política de suministro (manteniendo la sobretasa a grandes empresas, renunciando a la rebaja de la contribución sobre el valor añadido), lo que turba el legado del campo macronista en medio de fracasos pasados en pensiones y ecología. Un «ajuste» gubernamental (remodelación) está previsto antes del 22 de febrero, por delante de la reserva electoral: salidas incluyen a Rachida Dati (alcaldesa de París), Marina Ferrari (Aix-les-Bains), Michel Fournier (Les Voivres); Lecornu se presenta en Vernon. El ministro de Justicia Gérald Darmanin se queda pese a ambiciones para 2027. Lecornu urge separar el Gobierno de las campañas presidenciales en medio de arenas para figuras como Gabriel Attal, Marine Le Pen, Laurent Wauquiez. Este Ejecutivo frágil apuesta por vías reglamentarias y consulta para evitar conflictos, anunciando una era post-49.3 de negociación incluso para futuras mayorías, resistiendo al populismo en debates sobre fin de vida o agricultura.