El 23 de enero de 2026, el primer ministro Sébastien Lecornu invocó de nuevo el artículo 49.3 para aprobar la parte de gasto del presupuesto de 2026 en la Asamblea Nacional, tras el fracaso de dos mociones de censura. Las oposiciones de izquierda y extrema derecha no lograron la mayoría absoluta, permitiendo al gobierno avanzar a pesar de no tener mayoría parlamentaria.
El viernes 23 de enero de 2026, la Asamblea Nacional fue testigo de un momento pivotal en la aprobación del presupuesto de 2026. Tras el fracaso matutino de dos mociones de censura —una presentada por La Francia Insumisa (LFI), ecologistas y comunistas (269 votos de los 288 requeridos), la otra por el Reagrupamiento Nacional (RN) y aliados (142 votos)— Sébastien Lecornu invocó la responsabilidad de su gobierno sobre la parte de gasto (P2) del proyecto de ley de finanzas, evitando el debate. El primer ministro, que ni siquiera subió al podio ante una cámara casi vacía, justificó la invocación del 49.3 como necesaria para «poner fin a una crisis política» que comenzó en septiembre. «Hay que saber poner fin a una crisis política», dijo durante un acto paralelo en Seine-Saint-Denis. Expresó arrepentimiento por usar esta herramienta constitucional, que había abandonado en octubre para apaciguar a los socialistas, con quienes se alcanzó finalmente un compromiso. Para limitar el déficit al 5 % del PIB en 2026, el gobierno anunció recortes significativos, incluidos 1.100 millones de euros de los créditos de France 2030 —el plan de inversión de 54.000 millones de euros lanzado por Emmanuel Macron en 2021 para recuperar el retraso industrial y apoyar la transición ecológica—. El Senado ya había recortado 1.000 millones en 2026 y 500 millones en 2025. Las oposiciones fueron contundentes. Éric Coquerel (LFI) calificó el presupuesto de «escroquerie» (estafa), mientras Marine Le Pen (RN) denunció una «traición» al pacto solemne. El PS, ausente de las censuras, elogia las «inflexiones sustanciales» logradas, como un bono de actividad mejorado. Lecornu criticó la «obstrucción» de algunos grupos, señalando que el texto surge de un compromiso, aunque la izquierda lo ve de derechas y la derecha de izquierdas. LFI y aliados planean una nueva moción de censura para el martes, prolongando las tensiones presupuestarias tras tres meses de debate.