Una contundente victoria de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi en las elecciones anticipadas del 8 de febrero podría llevar a China a reconsiderar su presión creciente, según funcionarios actuales y antiguos y analistas. Semanas después de asumir el cargo el año pasado, Takaichi provocó la mayor disputa diplomática con Pekín en más de una década al esbozar la posible respuesta de Tokio a un ataque chino contra Taiwán. Pekín ha exigido que retire sus declaraciones, lo que ella ha rechazado, llevando a medidas de represalia que comienzan a pesar en la economía japonesa.
Semanas después de asumir el cargo el año pasado, la primera ministra japonesa Sanae Takaichi delineó públicamente cómo podría responder Tokio a un ataque chino contra Taiwán, la isla de autogobierno reclamada por Pekín. Esto encendió la disputa diplomática más significativa entre los dos países en más de una década. Pekín exigió que retractara sus declaraciones, pero Takaichi se ha mantenido firme, provocando una serie de acciones de represalia por parte de China que ahora comienzan a gravar a la cuarta economía más grande del mundo. Funcionarios japoneses actuales y antiguos, junto con analistas políticos, sugieren que una victoria contundente de Takaichi en las elecciones anticipadas del 8 de febrero podría llevar a China a repensar su campaña de presión intensificada. Un alto funcionario del gobierno japonés señaló: «Una gran victoria el 8 de febrero ayudará a enviar un mensaje a Pekín de que sus ataques no la han dañado domésticamente». La elección, centrada en la cámara baja e involucrando al Partido Liberal Democrático (PLD), destaca los problemas en las relaciones Japón-China y la economía japonesa. La posible victoria de Takaichi demostraría su resiliencia doméstica a Pekín, fortaleciendo potencialmente la posición diplomática de Japón en medio de las tensiones continuas.