Dos semanas después de que las controvertidas declaraciones sobre Taiwán de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi encendieran tensiones, China ha escalado con presiones diplomáticas, económicas y militares. Tokio se niega a ceder, y los analistas advierten que la duración del enfrentamiento depende del triángulo EE.UU.-China-Japón.
La disputa, que comenzó con los comentarios de Takaichi que irritaron a Pekín, ha sumido las relaciones China-Japón en un caos más profundo. China ve las declaraciones como emblemáticas de la asertividad de Japón en seguridad regional y el fortalecimiento de alianzas con EE.UU., lo que ha motivado medidas retaliatorias para ejercer presión.
Takaichi se ha mantenido firme a pesar de las demandas de Pekín, destacando las divisiones fundamentales sobre Taiwán, que China reclama como su territorio. Mientras las reacciones iniciales se centraron en riesgos de resurgimiento del militarismo japonés y repercusiones económicas como caídas en el turismo, la fase actual enfatiza el enfrentamiento sostenido.
Expertos como el japonés Kei Koga y los chinos Ni Lexiong y Lian Degui argumentan que la intensidad de la disputa depende del apoyo de EE.UU. a Japón. La reciente cooperación militar, incluyendo adquisiciones de misiles Patriot bajo la administración Biden, ha aumentado las preocupaciones de Pekín. Si Washington continúa respaldando a Tokio, el enfrentamiento podría perdurar.
Este episodio se interconecta con dinámicas más amplias, incluyendo disputas en el Mar del Sur de China y los pactos de Japón con Australia, Filipinas y Corea del Sur. Pekín busca contener las ambiciones regionales de Japón, pero Tokio prioriza la estabilidad a través de alianzas.