Durante una sesión reciente en el Congreso Nacional, el presidente Javier Milei protagonizó un incidente embarazoso, mientras la vicepresidenta Victoria Villarruel, sentada detrás de él, mostró una expresión facial ambigua que el columnista interpreta como desprecio sereno. La transmisión televisiva por cadena nacional capturó este momento, comparándolo con la sonrisa enigmática de La Gioconda. El episodio resalta tensiones en el ámbito político argentino.
En una columna publicada en Perfil, el autor describe un incidente ocurrido la otra noche en el Congreso Nacional de Argentina. Según el texto, el presidente Javier Milei descontroló su discurso, lo que resultó en un 'papelón de desaforado' frente a la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien se encontraba a un metro o dos de distancia, justo detrás de él. Villarruel presentó un 'rictus ambiguo de sonrisa y no sonrisa', que el columnista califica como expresión de 'sereno desprecio'.
La transmisión televisiva intentó inicialmente encuadrar la imagen para ocultar su rostro, pero esto resaltó su escote, lo que llevó a mostrar su expresión completa por cadena nacional. El autor compara esta ambigüedad con la sonrisa de La Gioconda de Leonardo da Vinci, notando que, al igual que en la pintura, la percepción varía: parece sonreír o seria dependiendo de la mirada.
Mientras tanto, un grupo de ministros y asesores cercanos a Milei reían abiertamente, mostrando un desprecio diferente, descrito como el de una 'barra de amigotes' donde uno actúa como bufón para entretener al resto. El columnista reflexiona sobre si la vida imita al arte, citando a Oscar Wilde, y menciona el libro 'Fascismo cosplay' de Luis Ignacio García, que aborda dilemas sobre cómo responder a provocaciones políticas.
Se alude también a referencias literarias de Jorge Luis Borges, como el personaje Dahlmann en 'El sur', ante la necesidad de reaccionar o no a provocaciones, y Vincent Moon en 'La forma de la espada', con la frase 'ahora desprécieme'. El texto concluye que el episodio indica algo despreciable en la escena política, sugiriendo que algún día se podrá despreciar colectivamente.