El director canadiense Yannick Nézet-Séguin, de 50 años, se convirtió en el primer director gay en liderar el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, alterando tradiciones centenarias al incluir obras de compositoras mujeres y visibilizar derechos LGBT. Ante 50 millones de espectadores, Nézet-Séguin abandonó el podio para interactuar con el público y besó a su esposo durante la Marcha Radetzky. Esta edición marca un punto de inflexión en un evento con raíces en la propaganda nazi de 1939.
El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, tradición desde 1939, vivió una edición transformadora el 1 de enero de 2026 bajo la dirección de Yannick Nézet-Séguin. El músico canadiense, quien también dirige la Ópera Metropolitana de Nueva York y ha ganado cinco premios Grammy, rompió moldes al convertirse en el primer director abiertamente gay en sus 87 años de historia. Nunca antes una mujer había dirigido el evento, y esta vez se incluyeron cinco obras inéditas, destacando dos de compositoras: 'Vals del arcoíris' de la afroamericana Florence Price (1887-1953) y 'Canciones de sirenas' de la austriaca Josephine Weinlich (1848-1887), pionera que fundó la primera orquesta de mujeres en Europa en 1875.
Nézet-Séguin, casado con el violista Pierre Tourville, visibilizó su relación al besarlo en el cuello durante la emblemática Marcha Radetzky. En sus palabras de apertura, declaró: “La música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta”, deseando “paz en los corazones y, sobre todo, paz en todas las naciones del mundo”. Su estilo moderno, incluyendo un piercing en la oreja, contrasta con el tradicionalismo de la música clásica, criticado por su ambiente rancio.
El concierto mantiene el protagonismo de la dinastía Strauss, pero incorpora diversidad en un contexto político tenso en Austria, donde la ultraderecha ganó las últimas elecciones. Nézet-Séguin ha apoyado causas sociales previamente, como la campaña de Kamala Harris en EE.UU., la solidaridad con Ucrania y los derechos LGBT, recibiendo el Laurent-McCutcheon Award.
Los orígenes del evento, nacido como homenaje nazi para recaudar fondos durante la II Guerra Mundial, con 60 de 123 músicos afiliados al partido y despidos de judíos, subrayan la relevancia de esta reivindicación. Historiadores accedieron a archivos en 2013, revelando medallas a Hitler. Esta edición demuestra cómo la música clásica puede reflejar cambios sociales, abriendo camino a una generación de directores comprometidos con la diversidad.