El rascacielos Goldin Finance 117 de Tianjin, cuya construcción sufrió largos retrasos, se acerca a su finalización tras casi una década de inactividad. A finales del mes pasado, los trabajadores comenzaron a instalar una corona en forma de diamante en la torre de 596 metros, marcando un hito clave desde que se reanudaron las obras el pasado mes de abril. Este proyecto de reactivación respaldado por el Estado busca estabilizar el frágil mercado inmobiliario.
El Goldin Finance 117, situado en la ciudad portuaria de Tianjin, al norte del país, ha sido objeto de estrecha vigilancia desde que comenzó su construcción hace 18 años. Conocido en su momento como el rascacielos abandonado más alto del mundo, se convirtió en un símbolo del colapso del mercado inmobiliario chino y del abandono por parte de la nación de sus proyectos de edificios superaltos.
A finales del mes pasado, los trabajadores comenzaron a instalar una corona de acero en forma de diamante de 7,6 toneladas en la torre de 596 metros (1.955 pies) de altura, según informó Xinhua. Esta maniobra de izado supone un hito notable desde que la construcción se reanudara el pasado mes de abril gracias a una reestructuración dirigida por el Gobierno y la adquisición del proyecto por parte de inversores respaldados por el Estado.
Actualmente, el proyecto se presenta como un esfuerzo importante para estabilizar el mercado inmobiliario y recuperar la confianza. El arrendamiento de la torre principal ya se ha completado en gran medida, con 17 empresas que han reservado espacios, entre ellas siete empresas estatales y 10 firmas privadas, según los medios estatales.
La reactivación del edificio se produce incluso mientras el sector inmobiliario chino lucha por lograr una recuperación sostenida.