La ciberseguridad ha dejado de ser un tema meramente técnico para convertirse en un elemento central en la toma de decisiones estratégicas de las organizaciones. En un entorno digital con riesgos sistémicos y avances en inteligencia artificial, protege la continuidad institucional y la confianza social. El autor Luis Wertman Zaslav destaca cómo estos cambios exigen ciberresiliencia y colaboración.
En su columna de opinión publicada en El Financiero, Luis Wertman Zaslav argumenta que la ciberseguridad ahora define la continuidad de las organizaciones, la estabilidad de servicios esenciales y la confianza de las personas. "La ciberseguridad dejó de ser un tema técnico y pasó a ocupar el centro de la toma de decisiones estratégicas", escribe.
El riesgo digital se acelera y se vuelve sistémico, influido por la inteligencia artificial que fortalece la detección de amenazas pero también habilita ataques más sofisticados y automatizados. La tecnología amplifica capacidades, pero sin una gobernanza clara, multiplica errores. En un contexto internacional fragmentado, con cadenas de suministro complejas y dependencias tecnológicas ocultas, un incidente en un proveedor puede generar efectos en cascada sobre operaciones, finanzas y reputación.
La percepción del liderazgo ha evolucionado: amenazas como el fraude digital, la suplantación de identidad y la manipulación de información son cotidianas. El daño a la confianza social supera al económico, ya que las personas cuestionan instituciones cuando pierden fe en los sistemas. La ciberresiliencia mide la madurez organizacional: no se trata de evitar todos los ataques, sino de anticipar, resistir, responder y recuperarse manteniendo la dirección y legitimidad.
Sin embargo, persisten brechas como la falta de talento especializado, sistemas heredados y comprensión incompleta de riesgos en terceros. La inteligencia artificial, si no se gobierna bien, transfiere decisiones críticas a sistemas sin contexto ético. El delito digital afecta ahora a familias, adultos mayores y pequeños negocios, convirtiéndolo en un asunto social.
La respuesta efectiva radica en la corresponsabilidad: compartir información, coordinar esfuerzos y elevar estándares. "La confianza digital no se decreta: se construye con liderazgo, disciplina y colaboración", afirma Zaslav. La pregunta clave es la preparación para incidentes sin perder confianza, rumbo ni valores, ya que proteger lo digital equivale a resguardar personas, instituciones y el futuro común.