Las elecciones municipales de Francia, los 15 y 22 de marzo de 2026, se perfilan como una prueba clave para la democracia local, un año antes de las presidenciales. Podrían revelar un aumento de la abstención que señale desconfianza hacia los cargos electos y apuntar a la creciente influencia de la extrema derecha. Los alcaldes, las figuras más populares, abordan temas vitales como la vivienda y el transporte.
En menos de 50 días, Francia inicia un maratón electoral con las votaciones municipales los 15 y 22 de marzo de 2026, seguidas de las elecciones presidenciales y una posible disolución de la Asamblea Nacional. Estos comicios cruciales permitirán a los votantes franceses elegir entre la alternancia, la continuidad o lo desconocido para su futuro político. Los alcaldes, mucho más populares que los diputados, senadores o el presidente, encarnan las urgencias cotidianas y los desafíos a largo plazo como el transporte, la vivienda y la educación. Las elecciones deberían mantenerse al margen de las convulsiones nacionales e internacionales, pero medirán el estado de ánimo del país de cara a 2027. La participación será difícil de comparar con la de 2020, alterada por la Covid-19. Un fuerte aumento de la abstención respecto a los niveles de 2014 pondría de relieve la creciente desconfianza hacia los políticos y enviaría un mensaje claro a los aspirantes presidenciales. Para el Rassemblement National (RN), aliado con la Union des droites pour la République, estas elecciones suponen un paso hacia la normalización. Reelectar a los alcaldes RN de 2020, avanzar en ciudades medianas, suburbios, zonas rurales, y las ambiciones en Marsella, Niza, Tolón y Nimes podrían activar las alarmas. El partido también aspira a formar un grupo en el Senado tras la votación de septiembre. Retiradas masivas o avales al RN por candidatos de Les Républicains (LR) en las segundas vueltas consolidarían aún más este giro, pese a las ideas radicales del partido. A la inversa, los «cortafuegos» locales, como los vistos en 2024, podrían limitar los avances. En la izquierda, La France Insoumise (LFI) y el Parti Socialiste (PS) luchan por unirse, ampliando su brecha. Los alcaldes verdes de 2020 deben demostrar que su enfoque ecológico resiste en medio de la fragmentación política. Los sucesores de Macron corren el riesgo de quedar eliminados en complejas segundas vueltas, desbaratados por la escisión que contribuyeron a crear. Estas municipales, presagios del fin de una era o de convulsiones inminentes, reclaman la atención de votantes y dirigentes por igual.