A finales de 2025, la Asamblea Nacional de Francia adoptó varios textos que reconocen a figuras históricas y víctimas, señalando un creciente interés por la memoria colectiva. Estas leyes, más consensuadas que antes, reflejan un cambio en el que el recuerdo prevalece sobre el olvido para avanzar. Las divisiones políticas persisten a pesar de esto.
A finales de 2025, la Asamblea Nacional de Francia aprobó textos sobre la elevación de Alfred Dreyfus al rango de general de brigada, así como sobre las víctimas de las leyes antiaborto anteriores a 1975 y de las leyes antihomosexualidad anteriores a 1982. Estas adopciones por parte de la Asamblea y el Senado suelen marcar el primer paso hacia posibles reparaciones, según observadores. El historiador Sébastien Ledoux afirma que «estas leyes de memoria no son una excepción francesa». Destaca que este frenesí indica una inversión de los roles tradicionales del olvido y la memoria: anteriormente, el olvido público servía para pacificar las sociedades, mientras que la memorización podía causar problemas. Hoy, recordar es necesario para avanzar. En los años 2000, intensos debates enfrentaron a historiadores contra políticos tras leyes como el reconocimiento del genocidio armenio en 2001 o la ley de 2005 que exigía que los currículos escolares reconocieran «el papel positivo» de la colonización en el norte de África. Ledoux señala: «Es legítimo que los políticos discutan el pasado, pero se necesita vigilancia para que las leyes no se vuelvan represivas y se basen en la investigación histórica.» A pesar de una tendencia hacia un mayor consenso, las divisiones políticas persisten en estas discusiones sobre la memoria colectiva.