El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, sufrió fracasos en su intento de romper el Acuerdo de Asociación UE-Israel y vio revelada una frustración del Pentágono por la postura de España en la OTAN. Fuentes diplomáticas dudan de sus propuestas para la crisis energética. España defiende su rol como aliado fiable, habiendo aumentado el gasto en Defensa.
Pedro Sánchez abandonó Barcelona el sábado pasado como líder socialista, pero una semana después sufrió reveses. El martes en Luxemburgo, su propuesta conjunta con Irlanda y Eslovenia para romper el Acuerdo de Asociación UE-Israel fracasó por falta de unanimidad. Alemania e Italia se opusieron, y la alta representante Kaja Kallas abogó por otras opciones.
En el Consejo Europeo de Nicosia, Sánchez insistió el jueves sin éxito. El viernes, Reuters informó de un correo interno del Pentágono que baraja expulsar a España de la OTAN por negar derechos de acceso, bases y sobrevuelo (ABO) a EE.UU. en la guerra de Irán. Sánchez restó importancia: «No trabajamos sobre e-mails. Somos buenos aliados, hemos alcanzado el 2,1% y desplegamos fuerzas en el este de Europa».
Un funcionario de la OTAN aclaró que el tratado no contempla expulsión. España ha incrementado el gasto en Defensa en 11.482 millones vía créditos presupuestarios desde 2023, alcanzando el 2,1% del PIB este año, con despliegues de más de 2.000 militares en misiones aliadas, como 140 en Incirlik con Patriot.
Sánchez propuso extender fondos de recuperación 6-12 meses y flexibilizar reglas fiscales, pero diplomáticos de tres países lo ven «muy difícil». Ursula von der Leyen indicó que la flexibilidad solo aplica en recesión grave.