La carrera entre EE.UU. y China por los recursos de alta tecnología se intensifica en el Sur Global, presionando a las naciones indecisas en el medio para que busquen un equilibrio. La crisis de Venezuela ha puesto al descubierto los límites de la diplomacia economicocéntrica de China en su competencia con EE.UU., sirviendo como un recordatorio crudo de que las esferas de influencia siguen moldeando la política global en esta nueva era de rivalidad entre grandes potencias.
En la rivalidad cada vez más intensa entre EE.UU. y China por influencia entre potencias medianas y los llamados estados indecisos —aquellos no completamente alineados con ninguna gran potencia—, China ha ampliado su presencia mediante poder económico, inversiones en infraestructura y asociaciones estratégicas en regiones tradicionalmente dominadas por EE.UU. China también ha profundizado la cooperación tecnológica y científica con la región, que considera central para su impulso de un Sur Global unido capaz de contrarrestar la presión de EE.UU. y avanzar un nuevo orden internacional multipolar. La crisis de Venezuela ha dado un recordatorio crudo de los límites de la diplomacia economicocéntrica de China hacia terceros países en su competencia con EE.UU. Aunque China ha avanzado en América Latina, África y el sudeste asiático —como asociaciones en Bolivia y Argentina—, naciones indecisas como India, Panamá y Canadá enfrentan presiones para elegir bando. Las palabras clave destacan figuras como Nicolás Maduro y Trump, junto con Brics, subrayando dinámicas geopolíticas. Observadores señalan que, a pesar de estos esfuerzos, la realidad de las esferas de influencia limita el enfoque de China.