El primer ministro canadiense Mark Carney ha delineado una agenda principled y pragmática para las naciones que navegan en una nueva era de rivalidad entre grandes potencias. Su reciente visita a Pekín ejemplificó el pragmatismo diplomático, incluyendo negociaciones para un marco de cooperación energética y la eliminación del arancel del 100% de Canadá a los vehículos eléctricos chinos.
El primer ministro canadiense Mark Carney ha propuesto una agenda de 'tercer camino' que es tanto principled como pragmática, destinada a guiar a las potencias medianas a través de una era de rivalidad entre grandes potencias cada vez más intensa entre Estados Unidos y China. La audacia de esta crítica es notable viniendo de Canadá, un país profundamente entrelazado con EE.UU. a través de alianzas, proximidad geográfica y lazos económicos. La visita de Carney a Pekín sirvió como clase magistral de pragmatismo diplomático. Durante el viaje, negoció un marco para la cooperación energética y eliminó el arancel del 100% de Canadá a los vehículos eléctricos chinos—una medida vista como realista en lugar de capituladora. Los elementos clave destacados incluyen referencias a figuras como Alexander Stubb y eventos relacionados con las relaciones Canadá-China, Catar, Washington, Venezuela, el orden internacional liderado por EE.UU., Davos, Occidente, Donald Trump, Václav Havel y Estados Unidos, incluyendo menciones a una invasión de EE.UU. a Venezuela. Esta agenda subraya el posicionamiento de las potencias medianas en medio de dinámicas globales cambiantes, equilibrando principios con un compromiso práctico.