Ernesto Naranjo presentó su colección otoño 2026 en la Madrid Fashion Week, marcando su regreso al evento desde 2014, cuando participó como estudiante de Central Saint Martins. Tras años en el extranjero trabajando con John Galliano en Maison Margiela, fundando su propia marca y dedicándose a la docencia, Naranjo mostró una propuesta ampliada que va más allá de los vestidos, incluyendo prendas versátiles. El diseñador describió este paso como una forma de salir de su zona de confort como creador de eventos.
La Madrid Fashion Week recibió de nuevo a Ernesto Naranjo para su colección otoño 2026, un regreso significativo para el diseñador originario de Andalucía. Naranjo participó por primera vez en el evento en 2014 como estudiante de Central Saint Martins. Durante la última década, vivió en el extranjero, colaboró con John Galliano en Maison Margiela, lanzó su propia empresa y comenzó a enseñar. Su último desfile puso de manifiesto las habilidades perfeccionadas durante este tiempo, pasando de sus característicos vestidos a prendas separables, una tendencia favorecida por muchos diseñadores esta temporada. “Siempre sentí que era un diseñador de eventos —y sé que soy esa persona y me encanta—, pero quería salir de mi zona de confort”, señaló Naranjo en una entrevista telefónica. La base de la colección consistió en prendas cortadas a partir de patrones circulares y cuadrados, transformándose en suaves esculturas corporales como un pequeño vestido negro y una capa bicolor. Las piezas multifuncionales incluyeron tops que funcionaban como faldas, mientras que los cinturones se reutilizaron para crear cuellos dramáticos. Pompones de paja, que evocan las flores de flamenco de Andalucía, emergieron de los pliegues de una blusa de gasa rosa y decoraron los cinturones que las modelos llevaban sobre los hombros. Las inspiraciones más amplias provinieron de los artistas Ángela de la Cruz y Gillian Theobald, el movimiento Gutai y el glamour de Studio 54, reflejado en el punto drapeado y los lamés brillantes. Los cierres minimalistas —como botones sueltos o lazos de cinta— añadieron sensualidad, sugiriendo un aspecto de desnudez. La pasarela se abrió con prendas de punto con estructura de crin que parecían bailar de forma independiente.