Faby Rodríguez, una cubana de 22 años, fue detenida inesperadamente durante una cita rutinaria de inmigración en Texas, lo que inició su deportación de regreso a Cuba tras años de cumplimiento con los procesos migratorios estadounidenses.
Faby Rodríguez llegó a su cita de inmigración en San Antonio, Texas, como siempre lo había hecho, sin imaginar que sería su último día de libertad en Estados Unidos. En 2022, había dejado Cuba hacia Nicaragua y emprendido un viaje peligroso hasta entrar en territorio estadounidense, donde fue detenida tres días y liberada con el formulario I-220A, que le permitía continuar su proceso fuera de detención mientras se revisaba su caso en corte.
Cumplió con todos los requisitos: presentó su solicitud de asilo, asistió a audiencias y reportó puntualmente a Inmigración y Aduanas (ICE). Sin embargo, esa mañana de 2025, tras entregar sus documentos, la llamaron y la llevaron a través de una puerta que marcó su detención. Los oficiales explicaron que sus casos se revisarían 'al 110 por ciento' por procesamientos inadecuados en la frontera, ofreciendo detención o salida voluntaria.
Transferida a otro centro de detención, conoció a personas de diversas nacionalidades, muchas detenidas en circunstancias similares por meses. Su primera audiencia ese mes resultó en la negación de fianza o monitor electrónico por el juez, citando políticas que exigen detención hasta el fin del proceso. El I-220A, una orden de liberación bajo reconocimiento, no otorga estatus legal ni califica para la Ley de Ajuste Cubano, ya que no es parole.
En 2025, bajo la administración Trump, las políticas se endurecieron, exponiendo a titulares de I-220A a detenciones repentinas. Datos del Departamento de Seguridad Nacional indican más de 2 millones de indocumentados salieron de EE.UU., con 527.000 expulsiones coordinadas por ICE, y más de 65.000 detenidos. Para cubanos, hubo 1.498 deportaciones directas y 731 a terceros países como México.
En su segunda audiencia el 26 de septiembre de 2025, el juez consideró insuficiente su evidencia para asilo y ofreció salida voluntaria, que aceptó. 'Era un buen juez', dijo. 'Muchos ni te dejan hablar'. Dos meses después, fue deportada a La Habana, llegando con grilletes removidos minutos antes del aterrizaje.
En Cuba, enfrenta escasez, apagones y familiares enfermos. 'Llegar fue muy duro', relata. 'La Cuba que dejé era mala, pero ahora es peor'. Su historia advierte: 'No des nada por sentado. Aunque cumplas, todo puede cambiar de un día para otro'.
En un año de deportaciones aceleradas, casos como el de Faby resaltan la vulnerabilidad en el sistema migratorio actual.